Los que caminan no entienden a los que vuelan

Ronny Oliveira parte de una imagen sencilla: el que camina mira desde abajo y escucha a los hombres, el que vuela mira desde arriba y escucha a Dios. Con esa idea, y con historias como la de Mefi-boset, Rut y Orfa, la sunamita y Abraham, explica por qué quien crece suele ser incomprendido y cómo responder a la crítica.

Editorial Renacer. Diez capítulos sobre propósito, éxito, la voz de Dios y la bendición, contados en primera persona por un pastor con unos veinte años de ministerio.

Ideal para:

  • Pastores y líderes que enfrentan críticas
  • Creyentes que buscan su propósito
  • Jóvenes que quieren crecer en su llamado
  • Quienes sienten que su historia terminó
  • Grupos pequeños y células
  • Lectores de tradición carismática
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Descripción

¿Cómo es posible que dos personas que se aman dejen de entenderse? Una mujer le hizo esa pregunta a Ronny Oliveira, y su respuesta ocupa un libro entero. Se llama Los que caminan no entienden a los que vuelan. Corto el título, largo el eco.

Portada del libro Los que caminan no entienden a los que vuelan de Ronny Oliveira
Los que caminan no entienden a los que vuelan: cuando el éxito se transforma en un problema, de Ronny Oliveira.

De qué trata Los que caminan no entienden a los que vuelan

La tesis cabe en una imagen. El que camina tropieza, mira desde abajo y escucha a los hombres. El que vuela mira desde arriba y escucha a Dios. Por eso no se entienden. Oliveira lo apoya en Ismael e Isaac, en Sara y Agar: la gente tolera ver nacer a alguien, pero se incomoda cuando lo ve crecer.

Según la introducción, lo que dispara el malentendido es el éxito. Quien avanza se vuelve sospechoso para quienes siguen en el mismo sitio, y el subtítulo, «Cuando el éxito se transforma en un problema», lo dice sin rodeos. Los que caminan no entienden a los que vuelan, resume el título, y el resto del texto invita a levantar el vuelo sin pedir permiso a la tribuna.

Oliveira lleva unos veinte años de ministerio en distintos países y cuenta casi todo en primera persona. Dedica el libro a sus tres hijos, Gabriel, Lucas y David, con un guiño: «¡Papá siempre vuelve!». Agradece a su esposa Glaucia. Largo camino les queda, escribe.

Diez capítulos para volar

Diez capítulos forman el índice de Los que caminan no entienden a los que vuelan. Abre con «El cielo no se olvidó de ti» y «Descubriendo tu propósito». Siguen «Generación bendecida», «Honrando a la mujer», «Cielos abiertos para volar» y «Conectados con Su gloria». Más adelante vienen «Tu unción no está a la venta», «Una transición cultural y generacional», «Provocadores de avivamiento» y, para cerrar, «Los improbables». Al final, una nota sobre el autor.

De Los que caminan no entienden a los que vuelan leímos las páginas 1 a 70 de 196 del PDF. Eso cubre los créditos, la introducción, los capítulos 1 y 2 y buena parte del 3. Del resto conocemos solo los títulos del índice. Poca cosa.

Escenas de Los que caminan no entienden a los que vuelan

Un niño cojo en Lodebar

Mefi-boset tenía cinco años cuando su nodriza huyó con él en brazos, lo dejó caer y le quebró los pies. Nieto de Saúl, creció lisiado y escondido en Lodebar. Oliveira recorre 2 Samuel 9 con calma. Una noche David pierde el sueño, se acuerda de su amigo Jonatán y pregunta si queda alguien de aquella casa. Un hombre llamado Maquir lo acoge. Así de simple.

Los subtítulos del capítulo 1 dan el tono: «¿De quién es la culpa?», «El rey te está buscando» y «Síndrome del impostor». No hay rodeos. El autor se detiene en esa última idea, la de quien se sienta a una mesa y piensa que otro la merecía más. Al final, los manteles cubren sus pies. Nadie nota diferencia. El libro enlaza la escena con el Salmo 23:5-6.

El Maquir de la playa

Después viene lo personal. De joven, cuenta Oliveira, vivía sin límites, y en su barrio decían que no llegaría lejos. Varios amigos perdieron la vida. Entonces apareció «un Maquir»: un vecino llamado Santiago lo llevó a una campaña en la playa, y allí se convirtió. En el barrio apostaban que no duraría ni un mes en la iglesia. Mala apuesta. Han pasado más de veinte años. Cuando vuelve, le dicen que ya no es el mismo.

Una ofensa por las redes

Con el capítulo 2 llega una pregunta que el autor oye a menudo: ¿cuál es el propósito de Dios para mi vida? Su primera respuesta es que el propósito nunca tiene que ver solo con uno mismo. Después llega «Nunca le agradarás a todos».

Predicando en su iglesia, Oliveira invitó a pasar al frente a quien se sintiera ofendido por él. Se levantaron personas que ni conocía. Una mujer le explicó que jamás habían hablado, pero que por las redes sociales le parecía un soberbio. Ahí aprendió, escribe, que hay cosas que no controla. Controla las suyas. Nada más.

Rut, Orfa y la sunamita

Para hablar de soltar a quien no va a acompañarte, recurre a Noemí y a sus dos nueras. Rut se queda. Orfa regresa con los suyos. De ahí saca un consejo: no compartas tus planes con quienes no estarán en ese futuro. Más adelante evoca a la sunamita de 2 Reyes 4, al criado Guiezi que quiere apartarla del profeta y a Eliseo, que lo frena. Y deja una consigna: permite que tu milagro hable por ti.

La cosecha no se negocia

«Tu siembra dará tu cosecha» es otro apartado del capítulo 2. La lógica es agrícola: la siembra es opcional y la cosecha obligatoria. Así de claro. Quien pregunta qué pasará el próximo año no necesita un profeta, dice el autor, sino mirar lo que plantó. Y si lo sembrado fue malo, se empieza por arrepentirse. Luego el capítulo propone una «escalera del éxito» y una serie de pasos para descubrir el llamado, con Proverbios 2:1-5 de fondo. En ese tramo, Los que caminan no entienden a los que vuelan se parece a un manual.

Dos profecías y una novia

Hay una escena casi de comedia. De novio con Glaucia, Oliveira recibe en una iglesia dos palabras contrarias: una hermana le dice que no se case con ella, y otra, que sí. Con el desconcierto encima, reúne a las dos mujeres y les pregunta cuál habló de parte de Dios. Menudo lío. El Señor no es Dios de confusión, apunta. La anécdota prepara el tema que reaparece en el capítulo 3, cómo distinguir su voz.

Un autobús de cinco días

«Generación bendecida», el capítulo 3, parte de Génesis 12:1-3 y de un detalle que el autor subraya: Dios le habló a Abraham mirando al futuro, no al pasado. Luego aparece «Escuchar la voz de Dios», con reglas claras. Dios no contradice su Palabra, así que una voz que mande dejar de congregarse o de diezmar no viene de Él. Y su voz suele traer lágrimas y temblor de piernas antes que cosquillas.

Después va a lo vivido. Oliveira y su esposa dejaron Brasil rumbo a Argentina sin pasaje de avión, en un autobús de cinco días llamado Crucero del Norte. A los diecinueve años pedaleaba una bicicleta prestada por el presbítero Puentedura y salía a predicar a la hora de la siesta. Volvía frustrado. Las calles estaban vacías. Más tarde, orando por el terreno del templo, sintió que Dios le decía que tenía su nombre. La calle de al lado se llamaba «Francisco Olivera».

Ideas de Los que caminan no entienden a los que vuelan para llevarse

Primera idea: la crítica es una señal de crecimiento, no de fracaso. Oliveira insiste en que no hay que dar explicaciones a todos ni esperar aplausos de la familia. Aun así, no pide vivir a la defensiva. Los que caminan no entienden a los que vuelan, pero la última parte que leímos remata con otro lema: los que caminan critican, los que vuelan bendicen. Lo ilustra con un hombre atrapado en las vías del tren. Grita pidiendo ayuda, se suelta y dice después que lo logró solo. Pura ingratitud.

Segunda: en Los que caminan no entienden a los que vuelan el propósito sirve a otros. A quienes le preguntan por su llamado les responde algo incómodo para el individualismo, que lo que Dios tiene con uno siempre se conecta con alguien más. Lo acompaña de consejos de sabiduría y de un temor de Dios que define como miedo a estar lejos de Él, no como miedo a Él. Útil matiz.

Y la tercera, quizá la más humana: el pasado no condena. Mefi-boset llega a Lodebar en brazos y regresa al palacio en un carro real. Es la promesa central. El libro la repite con distintas voces. Quien lleve años cojeando por una culpa ajena la leerá con alivio, o con cierta reserva, como veremos enseguida.

Dónde despega y dónde se queda en tierra

Lo mejor de Los que caminan no entienden a los que vuelan es la voz. Oliveira predica sobre el papel: habla de tú, hace preguntas, cuenta sus errores de joven y se ríe de sí mismo cuando una desconocida lo llama soberbio. Las anécdotas (la bicicleta, el autobús, la calle «Francisco Olivera») dan cuerpo a lo que podría quedarse en consigna. Se lee rápido.

Ahora, los peros. El texto está lleno de promesas rotundas, como «tus mejores años están por llegar» o «esto no termina así», que consuelan a quien las necesita y suenan a fórmula cuando se acumulan. Hay poco espacio para el que ora y la sanidad no llega. Además, leer a Mefi-boset y a Abraham como moldes de éxito personal es una elección entre varias, y quien venga de una tradición más cauta con la profecía personal notará la diferencia.

Una errata curiosa. El relato de la siesta argentina habla de un calor de hasta «50 grados Fahrenheit», y a esa temperatura nadie se encierra en casa. Con calles convertidas en horno, serán Celsius.

La edición

Detrás está Editorial Renacer. Los créditos del PDF traen tres ISBN: 978-1-963920-13-0 para la tapa blanda, 978-1-963920-14-7 para la tapa dura y 978-1-963920-15-4 para el libro electrónico. Gisella Sawin figura como editora, Pablo Montenegro diseñó portada e interior, y la impresión se hizo en Colombia. Las citas bíblicas usan la NVI (1999, 2015) y la Reina-Valera 1960.

Un detalle del archivo. El archivo de Los que caminan no entienden a los que vuelan es una conversión de libro electrónico hecha con calibre, y las propiedades internas repiten el título del libro. Se lee bien en pantalla. No vimos marcas de agua de otros sitios.

Para quién es Los que caminan no entienden a los que vuelan

Para pastores, líderes y creyentes que recibieron críticas por avanzar. Para jóvenes que no saben cuál es su propósito. Para quien siente que su historia terminó, como Mefi-boset en Lodebar. Para grupos pequeños que quieran material de charla sobre la crítica, la gratitud y el perdón. Y para lectores de tradición carismática: Los que caminan no entienden a los que vuelan habla con un lenguaje de palabras proféticas y unción que les resultará familiar. No hace falta ser pastor.

Preguntas frecuentes

¿Quién escribió Los que caminan no entienden a los que vuelan?

Ronny Oliveira, pastor con unos veinte años de ministerio. Lo publica Editorial Renacer.

¿De qué trata Los que caminan no entienden a los que vuelan?

De por qué quien crece suele ser incomprendido por quien se queda quieto. Lo cuenta con Mefi-boset, Rut, la sunamita y Abraham.

¿Cuántos capítulos tiene Los que caminan no entienden a los que vuelan?

Diez, más una nota sobre el autor.

Seguir leyendo

Si te interesa el papel del Espíritu en la vida diaria, mira 40 días con el Espíritu Santo. Para la herida y la restauración, Entre ruinas y restauración. Y para el lado áspero de la crítica dentro de la iglesia, Iglesia Tóxica. La historia que abre el libro está en 2 Samuel 9.

Reseña del equipo editorial de Libros Cristianos X.