Descripción
¿Por qué no puedo salir a jugar? Porque va a llover. ¿Y por qué va a llover? Porque hay tormentas que vienen de Francia. Así acorralaba Paul Davies a sus padres cuando era niño, hasta que alguno cortaba con un «porque Dios hizo las cosas así, y punto». De esa cadena de porqués sin final nace La mente de Dios, el ensayo en el que un físico pregunta si la ciencia puede explicarlo todo, incluso sus propias leyes.

De qué trata La mente de Dios
El título sale de Stephen Hawking. La frase final de Breve historia del tiempo, que abre el libro como epígrafe, dice que una teoría completa del universo sería el triunfo de la razón humana, porque entonces conoceríamos la mente de Dios. Davies toma la expresión en serio. ¿Qué significaría eso?
Su punto de partida es incómodo para todos. Toda explicación científica parte de algo que se da por supuesto: las leyes de la física, la lógica, las matemáticas. Pero ¿de dónde vienen esas leyes? Tarde o temprano, escribe, habrá que aceptar algo como dado, sea Dios, la lógica o un conjunto de leyes. Por eso las preguntas últimas quedan más allá de la ciencia empírica tal como suele entenderse. Esa es la tensión de La mente de Dios.
¿Y quién habla? Un físico de carrera, y lo dice sin rodeos en el prefacio. Le encanta el método científico, sobre todo su honestidad (nada se acepta sin pruebas), aunque admite que a veces hay científicos que engañan o se aferran a teorías ya desacreditadas. Lo curioso viene después: investigando el origen del universo, el tiempo y la unificación de las leyes, se encontró metido en un territorio que por siglos había sido casi solo de la religión.
Nueve capítulos llenos de preguntas
Davies mismo lo nota: muchos títulos de La mente de Dios son preguntas. Pensó que era torpeza de estilo, y luego entendió que reflejaba lo que cree. El índice va así: «Razón y creencia», «¿Puede el universo crearse a sí mismo?», «¿Qué son las leyes de la naturaleza?», «Matemática y realidad», «Mundos reales y mundos virtuales» y «El secreto matemático». Cierran «¿Por qué el mundo es de la forma que es?», «El diseñador del universo» y «El misterio al final del universo», seguidos de una bibliografía seleccionada.
Promete que no hacen falta conocimientos previos de matemática ni de física. Avisa, eso sí, que el capítulo 7 trae argumentos filosóficos complicados y que se puede saltar sin grandes pérdidas. Se agradece la franqueza.
Leímos las páginas 1 a 70 de 147 del PDF: prefacio y capítulos 1 a 4. Del resto conocemos solo el índice.
Escenas de La mente de Dios
De Copérnico a Darwin
«Razón y creencia» arranca con los griegos, que hace unos dos mil quinientos años quisieron dar reglas fijas al razonamiento para acabar con las disputas. Luego llega la pregunta de fondo: ¿por qué funciona la ciencia? Davies recuerda que la revolución que fue de Copérnico a Darwin dejó al ser humano como un extra en un estudio de cine, sin papel en el drama cósmico. Fuerte imagen. Y se pregunta si nuestro éxito al entender el mundo es un golpe de suerte o señal de algo más hondo.
El ingeniero que enciende la mecha
Mucha gente, dice el capítulo 2, imagina a Dios como un ingeniero de fuegos artificiales que prende la mecha del big bang y se sienta a mirar. A Davies la imagen le parece poco sensata, porque el tiempo mismo empieza con el universo y una causa así no puede estar «antes». Recoge entonces la analogía del físico Russell Stannard: Dios como autor de un libro, que no escribe el primer capítulo y deja que los demás se escriban solos. Antes ha repasado la doctrina cristiana de la creación de la nada y su contraste con los mitos paganos.
Burbujas que se desprenden
En «Universos madre e hijo» el espacio se dibuja como una hoja curva. Se forma un chichón, se estira, la garganta se adelgaza y al final la burbuja se separa como universo independiente. Hay una figura para seguirlo. Davies menciona también la propuesta de James Hartle y Stephen Hawking, y concluye en el capítulo 3 que, dadas las leyes de la física, el universo podría crearse a sí mismo. Pero entonces el misterio se muda a las leyes. ¿Quién las escribió?
Números perfectos y una máquina de calcular
Con el capítulo 4 llegamos a Pitágoras y su escuela, que veneraban los números perfectos como el 6 y el 28 y el tetraktis, el 10, suma de los cuatro primeros enteros. De ahí salta a Charles Babbage, que fundó en Cambridge la Sociedad Analítica con su amigo John Herschel y buscó financiación para sus máquinas de calcular. Turing y Gödel aparecen después, cuando el libro pregunta qué se puede computar y qué no.
Ideas de La mente de Dios para llevarse
Una cadena de explicaciones siempre termina en algo. Puede ser Dios, una superley o la lógica misma, pero nadie se libra de aceptar un punto de partida. Para el lector creyente esto resulta familiar; para el que confía solo en la ciencia, es un aviso.
Las leyes de la naturaleza parecen escritas en código matemático, y el trabajo del científico consiste en descifrarlo. Davies llama a eso el código cósmico. La pregunta que deja abierta es por qué el universo es inteligible, y por qué nuestra mente, producto de ese mismo universo, puede leerlo.
Y una tercera, más filosófica. En La mente de Dios el tiempo forma parte de lo creado, como ya pensaba Agustín de Hipona. Si es así, preguntar qué hubo antes del big bang deja de tener el sentido habitual.
Dónde ilumina y desde dónde habla
Lo mejor de La mente de Dios es la claridad. Davies explica cosmología cuántica, leyes físicas y computación sin fórmulas, con imágenes caseras como la mecha, el libro o la burbuja. Y no esconde las dificultades. Marca los límites de cada teoría.
Ahora, desde dónde habla. Davies no escribe como teólogo ni como apologista. Según una reseña de Mariano Artigas publicada en 1993, se declaraba ajeno a las religiones institucionales, no creía en un Dios personal y rechazaba también el ateísmo. Su Dios se parece más a una mente racional detrás de las leyes que al Dios de la Biblia. Quien busque una defensa cristiana del teísmo encontrará preguntas útiles y respuestas que no son las suyas. Conviene leerlo sabiendo eso.
Otro aviso. Hay pasajes densos, sobre todo los de lógica y computación, y el lector sin formación científica tendrá que ir despacio. No es un libro para una tarde.
La edición y el archivo
La obra original es The Mind of God: The Scientific Basis for a Rational World, publicada por Simon & Schuster en Nueva York en 1992 con ISBN 0-671-68787-5, según la nota del propio PDF. La portada que acompaña la ficha corresponde a la edición de McGraw-Hill en su colección Divulgación Científica.
El PDF de La mente de Dios, sin embargo, es otra traducción: la firma Alejandro Daniel Bokser Scacchi en 2003. Tiene 147 páginas, una dedicatoria a Carolina y notas del traductor con biografías de Popper o de Agustín. Incluso añade un epígrafe de Carl Sagan, marcado como insertado por él. El español tiene erratas sueltas («caía» por «caída», «humando» por «humanos»), pero se lee bien.
Para quién es La mente de Dios
Para lectores curiosos que se preguntan por el origen del universo y el lugar de Dios en él. Para estudiantes de ciencias o de filosofía. Para pastores, maestros y apologistas que quieren conocer de primera mano cómo piensa un físico sobre estas preguntas. La mente de Dios sirve también a quien quiere dialogar con amigos escépticos sin caricaturas. Quien busque un devocional, o una defensa bíblica de la fe, debe mirar en otra parte.
Preguntas frecuentes
¿Quién escribió La mente de Dios?
Paul Davies, físico británico. El título original es The Mind of God (1992).
¿La mente de Dios es un libro cristiano?
No en sentido estricto. Es un ensayo de divulgación científica y filosófica escrito por alguien ajeno a las religiones institucionales, aunque dialoga con la teología cristiana.
¿Hace falta saber física para leerlo?
No, según el autor. El capítulo 7 es el más difícil y puede saltarse.
¿Cuántos capítulos tiene?
Nueve, más el prefacio y una bibliografía seleccionada.
Seguir leyendo
Si te interesó La mente de Dios, mira Puede la ciencia explicarlo todo, de John Lennox, que responde desde la fe cristiana. Para el diálogo con el ateísmo, Disparando contra Dios. Y para un enfoque pastoral, Creer en tiempos difíciles. Un versículo que dialoga con sus preguntas está en Salmo 19:1.
Reseña del equipo editorial de Libros Cristianos X.












