Diccionario bíblico hebreo-español

El Diccionario bíblico hebreo-español de Luis Alonso Schökel (Editorial Trotta) es un léxico del hebreo del Antiguo Testamento y de los códices hebreos del Eclesiástico. Ordena cada palabra por sentidos y los ilustra con citas bíblicas y su traducción al castellano.

Nació de unos doce años de trabajo de un equipo dirigido por Schökel, con Víctor Morla y Vicente Collado. Se publicó en 1994 y se reeditó en 1999. Descarga el PDF para consultarlo gratis.

Ideal para:

  • Estudiantes de hebreo bíblico
  • Pastores y maestros que preparan sermones
  • Traductores de la Biblia
  • Profesores de seminario
  • Lectores de poesía bíblica
  • Quienes consultan el Antiguo Testamento en su lengua original
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Descripción

Julio de 1976, una universidad cerca de Filadelfia. Luis Alonso Schökel se sienta a redactar la palabra «padre». Detrás vendrían unas cinco mil más. Dieciocho años después, la editorial Trotta publicaba el Diccionario bíblico hebreo-español como un solo volumen.

Portada del libro Diccionario bíblico hebreo-español de Luis Alonso Schökel
Diccionario bíblico hebreo-español, de Luis Alonso Schökel (Editorial Trotta).

Qué es el Diccionario bíblico hebreo-español

Es un diccionario bilingüe del hebreo de la Biblia. Se lee del hebreo al español. Cada palabra trae sus sentidos, ordenados y ejemplificados con citas, y la traducción castellana va siempre al lado.

La introducción lo define sin rodeos: un diccionario «del uso y para el uso». Su corpus es el Antiguo Testamento hebreo, más los códices hebreos del Eclesiástico, con todas las ventajas y limitaciones que Schökel reconoce en un cuerpo de textos tan reducido. Unas cinco mil palabras. Muchas aparecen una sola vez.

Al frente del proyecto estuvo el propio Schökel, del Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Víctor Morla, de la Universidad de Deusto, fue director adjunto. Vicente Collado, de la Facultad de Teología de Valencia, dirigió la parte técnica. El Diccionario bíblico hebreo-español nació así de un equipo, no de una sola mano.

Cómo está hecho este diccionario

Lo que el Diccionario bíblico hebreo-español no pretende ser queda claro desde el prólogo. No es etimológico. No es histórico ni comparado. Tampoco discute bibliografía sobre cuestiones abiertas. Otras obras ya lo hacen cada año, dice. Lo que queda es el uso: qué significa una palabra en cada contexto y cómo se traduce.

De ahí viene la atención a la polisemia. Schökel habla de «refracción». El verbo ידע no se queda en «saber»: se despliega en conocer y en reconocer. El sustantivo אבן cubre piedra, plomada, gema, pesa y pedrisco. Y עם puede ser ejército, tropa, pueblo o laicos, según el campo.

Los sentidos se agrupan por factores: el género literario, el punto de vista, los campos semánticos. También hay una polarización que ordena los significados entre extremos. El diccionario registra además sintagmas y correspondencias asimétricas, esas frases hebreas que el castellano no resuelve palabra por palabra.

Un código sencillo ayuda a moverse. El signo «=» marca sinónimos. El asterisco señala antónimos. El «+» apunta a correlativos. Los nombres propios y de lugar van en una lista final separada. Morla preparó además un glosario español-hebreo, publicado por su cuenta.

El prólogo se detiene en el estilo. Hay una sección sobre los factores estilísticos, con ejemplos del Salmo 33, el Salmo 23, Isaías 29 con su «viento de modorra» y Job 16. Ahí se ve que no es un listado frío. Es un diccionario escrito por un lector de poesía.

La historia de un trabajo largo

Schökel cuenta cómo se hizo el Diccionario bíblico hebreo-español. Primero vino la traducción de la Nueva Biblia Española. Después, un trabajo más mecánico: unas concordancias bilingües sobre Lisowsky, que equivalían a más de doscientas mil fichas. Con ese banco de datos empezó a redactar, en julio de 1976, en la Universidad de Villanova, cerca de Filadelfia. El primer artículo fue אב.

Siguieron unos doce años de redacción, con diecisiete colaboradores. Las entregas circularon como «Materiales para un diccionario bíblico hebreo-español». Luego se decidió publicar por fascículos, una especie de rodaje en público.

Fueron once fascículos y unas 880 páginas a doble columna, en menos de veintiún meses. Una subvención, gestionada por Lorenzo Tous, lo hizo posible. Después llegó el volumen único. La introducción lleva la fecha del 21 de junio de 1994.

Entradas del Diccionario bíblico hebreo-español que revisamos

Leímos las páginas 1 a 70 de 1062 del PDF. Eso cubre los créditos, la introducción, la historia del proyecto, la bibliografía, las abreviaturas y las primeras entradas, de la letra alef hasta la partícula אם. De lo que viene después sabemos solo lo que el prólogo anuncia.

La letra alef

El diccionario abre con la propia letra. Explica que la alef inicial puede ser preformante, o prostética. Como preformante marca la primera persona del imperfecto. Como prostética se antepone a una raíz para formar sustantivos, y los ejemplos van de «brazo» a «mentira» y «cuatro». Hay un apartado para las alefs que nacen de una transformación.

Padre, אב

La primera entrada es larga. Distingue el sentido propio, el que engendra, del lato: abuelo, antepasado, fundador, patrono. Puede designar un oficio religioso o servir de título. El hebreo precisa «paterno» donde el castellano no hace falta: tía paterna, hermana por parte de padre. Y la fraseología guarda una expresión curiosa. «Reunirse con los padres» significa morir, ser enterrado, porque los muertos dejan de vivir pero no quedan aniquilados, y así lo explica la propia entrada con citas de Génesis y de Deuteronomio.

Piedra, אבן

Aquí se nota el método. La piedra se ordena por usos. Construcción, adorno, comercio, culto, vida profana, meteorología y lenguaje figurado. Es plomada, y también gema engastada. Es pesa, y la Biblia condena las pesas desiguales. Es título divino, la Roca de Israel en Génesis 49. Es granizo. Un vocablo. Nueve campos.

Si, אם

Una partícula pequeña con mucho trabajo. La entrada separa lo condicional de lo temporal y señala que la frontera puede ser fluida. Recoge el uso interrogativo y el desiderativo («ojalá me oyera», Salmo 81). Y explica el esquema del juramento: juro que, y si no, que Dios me castigue.

Valoración

Lo mejor del Diccionario bíblico hebreo-español es la claridad con que ordena un vocabulario difícil: sentidos numerados, citas que permiten comprobar cada traducción y un prólogo que enseña a usar la obra y también a pensar el hebreo. Vale por sí solo.

Tiene límites, y el autor los declara. Renuncia a la etimología y a la comparación con otras lenguas semíticas. Quien busque historia de las palabras o debate técnico necesitará otra obra al lado. Tampoco es un manual para aprender hebreo desde cero: da por hecho que el lector ya lee el alfabeto.

Un detalle práctico. Las entradas son densas, a dos columnas, con hebreo, abreviaturas y referencias bíblicas por todas partes. Paciencia al principio. La lista de abreviaturas, en las primeras páginas, se consulta a menudo.

La edición

Es la edición de Editorial Trotta, Madrid. Salió en 1994 y se reeditó en 1999, con ISBN 84-8164-026-3. Los derechos son de Luis Alonso Schökel, 1994. Los tipos hebreos son de la fuente VISAL, de Castellote y Collado, y la impresión corrió a cargo de Simancas Ediciones, en Valladolid.

Este PDF del Diccionario bíblico hebreo-español es un escaneo de 1062 páginas con capa de texto por OCR. El español se lee bien. Las letras hebreas, en cambio, salen a veces descolocadas al buscar o copiar, y algún nombre aparece mal, como «Moría» por Morla. Además, las propiedades internas del PDF traen otro título, de otro libro. Nada de eso afecta a la lectura en pantalla.

Para quién es el Diccionario bíblico hebreo-español

Para estudiantes de hebreo bíblico que ya leen el alfabeto, que están pasando de las gramáticas a los textos reales y necesitan un léxico en español que no los obligue a cruzar por el inglés. Para pastores y maestros que preparan un sermón o una clase desde el texto original. Para traductores que comparan versiones. Para quien lee poesía bíblica y quiere ver los matices de una palabra. Y para profesores de seminario que buscan una obra de consulta con criterio.

Preguntas frecuentes

¿Quién escribió el Diccionario bíblico hebreo-español?

Lo dirigió Luis Alonso Schökel, con Víctor Morla como director adjunto y Vicente Collado en la dirección técnica. Participó un equipo de colaboradores durante unos doce años.

¿Qué textos cubre?

Cubre el Antiguo Testamento en hebreo y los códices hebreos del Eclesiástico.

¿Sirve el Diccionario bíblico hebreo-español para aprender hebreo desde cero?

No es su fin. Es una obra de consulta. Conviene tener antes una gramática y leer el alfabeto con soltura.

¿Trae los nombres propios?

Sí, pero aparte. Los nombres de personas y de lugares forman una lista separada al final del volumen.

Seguir leyendo

Si el Diccionario bíblico hebreo-español te sirve para el Antiguo Testamento, el Nuevo tiene su pareja en la Clave Lingüística del Nuevo Testamento Griego. Para definiciones de términos en ambos testamentos, mira el Vine Diccionario Expositivo y el Gran diccionario enciclopédico de la Biblia. Para rastrear una palabra por todo el texto, la Concordancia Exhaustiva de la Biblia Strong. Un ejemplo citado en el diccionario está en Salmo 81:9.

Reseña del equipo editorial de Libros Cristianos X.