Descripción
Una tarde lluviosa de 1947, dos amigas se sientan al piano de Williston Hall, en Wheaton College. Una ha escrito unas líneas de oración que ojalá fueran poesía. La otra, Sarah Spiro, les pone música. Esos versos piden un corazón tranquilo. Casi medio siglo después, Elisabeth Elliot los convierte en el hilo de Aquieta tu Corazón.

De qué trata Aquieta tu Corazón
Elisabeth Elliot lo confiesa en la introducción: durante una docena de años escribió, cada dos meses, lo que ella llama un boletín. No le parece un título muy acertado. Es una carta para animar y, de vez en cuando, irritar o divertir a quien la quiera leer. Trae un itinerario de charlas, el anuncio de otro nieto y algún libro recomendado. Este volumen recoge los artículos principales de esas cartas. De ahí el tono.
La idea central de Aquieta tu Corazón cabe en dos verbos: confiar y obedecer. Para la autora, conocer a Dios importa más que cualquier otra cosa en la vida. El corazón tranquilo llega con la aceptación voluntaria de todo lo que Dios asigna y con la entrega gozosa de lo que somos y tenemos. Cuando se resiste, la quietud se va. Cuando confía, la vida se simplifica. Así de simple.
Y avisa de antemano: habrá repetición. Lecciones elementales que vuelven con otro ropaje, porque escribe como hablaría con su familia y con los amigos de siempre, y se describe a sí misma como una alumna con dificultades para aprender. Más de medio siglo después de acoger a Cristo, dice, sigue en clase.
Cinco secciones y un hilo común
El índice de Aquieta tu Corazón reparte las lecturas en cinco secciones. «La fe para lo inexplicable» abre con el sufrimiento, la espera y la confianza. «El currículo de Dios» baja a la cocina de cada día: quejas, indecisión, miedo, trabajo, oración. En «Llamados y Comprometidos» caben la vocación, la virginidad, la autocompasión y los problemas en la iglesia. «Nuestra cultura en controversia» entra en terreno público, con títulos como «La toma de una vida humana». Cierra «El hogar cristiano», con padres, hijos y educación en casa.
Cada pieza de Aquieta tu Corazón es breve. Muchas abren con un poema o una cita de otro autor.
Leímos las páginas 1 a 70 de 202 del PDF. Eso cubre la introducción, la sección primera completa y la segunda hasta «Oposición espiritual». De las secciones tres, cuatro y cinco hablamos solo por sus títulos.
Lecturas de Aquieta tu Corazón que revisamos
Un corazón tranquilo
Jesús duerme sobre una almohada en plena tormenta. ¿Cómo puede? Elliot responde que lo hacía porque su Padre tenía el control. Después baja la idea a una mañana en que su computadora no obedecía, con el trabajo retrasado y la mente interrumpida. Poca cosa, a primera vista. Lo recuerda entonces: aquello también era parte del Plan. «Mi porción y mi copa».
El ángel en la celda
Con esta historia, que le contó su hermano Dave Howard, cambia el tono. Un prisionero al que llaman Iván vuelve torturado a su celda, y ahí encuentra a alguien envuelto en su única manta. «¿Has olvidado que Jesús está contigo?», le dice la voz. Al día siguiente un guardia le apunta con una pistola. Iván responde que irá a estar con su Señor. El guardia guarda la pistola. La esposa y los hijos habían orado esa noche con Isaías 51:14.
Una casa en Bruselas
Con una fotografía vieja arranca «Una pequeña sección del curso visible»: la casa del número 52 de la calle Ernest Laude, donde nació. Sus padres eran misioneros con la Misión Evangélica Belga. Una escena casi cómica: su madre, ya en la puerta, siente que olvidó algo. Era la bebé de cinco meses, arriba, envuelta en su manta. La conclusión es seria. Todo el pasado forma parte de la historia de Dios para cada uno de sus hijos.
Un manuscrito detrás del escritorio
Había perdido varias semanas de trabajo. Lo buscaron ella, su marido Lars y todos los rincones probables. Entonces enfermó el tío Tom, de ochenta y nueve años, y no hubo tiempo para pensar en papeles. Al día siguiente las polillas obligaron a mover un mueble y el manuscrito apareció, de pie sobre el zócalo, detrás de un escritorio. Cosas de polillas. Una lección sobre cosas temporales, contada con humor.
Encallar y no tener accidentes
«Sin embargo, debemos encallar» parte de Hechos 27:26. Dios promete salvar a todos y aun así deja que el barco se pierda en una isla. Elliot sugiere que encallar vuelve menos atractivo este mundo. En «No hay accidentes» cita a Judy Squier, nacida sin piernas, y a los padres de un niño llamado Brandon Scott. La frase que se queda: lo que la oruga llama fin del mundo, el Creador lo llama mariposa.
Brooklyn, la India y el brazo de Dios
En «Un faro en Brooklyn» visita el Tabernáculo de Brooklyn y busca el número 519 de la avenida Bushwick, donde vivió en 1951: un quinto piso sin ascensor, a 17 dólares al mes. Allí no queda nada. Hoy es un solar lleno de colchones y basura. Oye a mujeres adorar, escucha a Marie, que esnifó pegamento a los diez años, y coincide con Nicky Cruz y Johnny Cash en una reunión de Billy Graham. En «¿Permite Dios que sus hijos sean pobres?» recuerda a unas muchachas indias que cargaban cemento por treinta centavos diarios.
Cuervos, cuásares y charranes
Aquí Elliot se divierte. Se nota. Arroja espinas de pescado al césped y observa a un cuervo resolver cómo cargar la más larga sin soltar el resto. Cita un artículo de National Geographic sobre una pila de papel que mide el universo. Habla de dos cuásares idénticos que desconciertan a los astrónomos. Y del charrán ártico, que recorre doce mil millas sin que nadie sepa cómo. Todo para llegar a lo mismo: hay cosas demasiado maravillosas para explicarlas.
Mares sin luna
«Confianza sin luna» parte de una carta de Amy Carmichael del 25 de agosto de 1894, camino de Colombo. Elliot la guarda en su escritorio. «No pierdas tu paz» trae ocho maneras de perderla y ocho antídotos, desde resentirse por los caminos de Dios hasta buscar paz en otro lugar. Al lado están los miedos del mañana, que la autora aconseja no pronosticar.
Quejas, indecisión y miedo
La segunda sección empieza con «Pequeñas cosas»: una infancia de sábanas bien alisadas y promesas cumplidas, y un pasillo del internado al que llamaban «Salón del Carácter». Luego llega «Humdudgeons», una palabra nueva para ella que significa queja ruidosa por una nimiedad. Una madre exigió que toda queja se presentara por escrito, de doscientas palabras o más. Las quejas bajaron de golpe. «Indecisión» cita una tira de Doonesbury, y «El miedo al hombre o a la mujer» a G. K. Chesterton. Nuestra lectura termina en «Oposición espiritual», con una carta que E. L. Langston escribió hace treinta años al padre de Elliot.
Ideas de Aquieta tu Corazón para llevarse
Una primera idea de Aquieta tu Corazón: la respuesta importa más que la circunstancia. Elliot lo ilustra con los israelitas que cruzaron el mar y aun así se amargaron. El mismo Dios asignó la experiencia a todos. Unos respondieron con fe y la mayoría no.
Segunda: lo pequeño también es de Dios. Una computadora que falla, una ventana que gotea (las veintiocho ventanas nuevas de su casa goteaban) o un correo atrasado son el lugar donde se aprende la lección. No hay que esperar una tragedia.
Y la tercera, la más incómoda: el sufrimiento y la pérdida tienen un propósito. Quiere que aprendamos a ofrecernos con más disposición. No lo presenta como fórmula. Admite que no entiende, y aun así invita a confiar.
Valoración
Lo mejor de Aquieta tu Corazón son las escenas. La casa de Bruselas, el cuervo, el prisionero y las ventanas con goteras se quedan en la memoria, y cada pieza se lee en pocos minutos. Son piezas breves. Elliot escribe con calidez y con humor, y no se pone por encima del lector.
¿Pegas? Varias. Se repite la misma lección con ropa distinta, como ella misma avisa. Hay referencias de los años noventa que han envejecido, como Doonesbury o Iron John. Algunas posturas, como la que sostiene que un deseo que Dios no quita no autoriza cualquier medio para cumplirlo, se dicen desde una convicción evangélica concreta y no todos las compartirán. Y quien sufre una discapacidad puede leer con reparos la frase de Joni Eareckson Tada que cita sobre las personas con discapacidad como herramienta visual de Dios.
Aun así, Aquieta tu Corazón cumple lo que promete: consuelo sencillo. Sin tecnicismos.
La edición
El título original es Keep a Quiet Heart, con derechos de 1995 de Elisabeth Elliot. El PDF indica que lo publicó Revell, que antes había salido ese mismo año en Servant Publications, y trae los ISBN 978-0-8007-4096-2 y 978-1-4934-3458-9. La introducción lleva la fecha de octubre de 1994, en Magnolia, Massachusetts. Los pasajes bíblicos van sobre todo en la NVI, con otras versiones marcadas como JB, LB, NEB y Phillips.
Ojo con este archivo. La traducción parece automática, hecha desde un libro electrónico. Conserva restos como «Cubrir» y «Medio título», el índice aparece duplicado, y una cita lleva «P. HILLIPS». El capítulo «¿Por qué Dios me hace esto?» arranca a media frase. Se entiende, pero conviene saberlo antes de empezar Aquieta tu Corazón.
Para quién es Aquieta tu Corazón
Para quien vive con ansiedad por el futuro o por las interrupciones del día. Para creyentes que atraviesan una pérdida, una espera larga o una oración sin respuesta. Para mujeres que buscan una lectora cercana, aunque el libro no es solo para ellas. Para quien necesita un devocional que se pueda leer en cinco minutos. Y para quien disfruta de las anécdotas familiares y misioneras.
Preguntas frecuentes
¿Quién escribió Aquieta tu Corazón?
Elisabeth Elliot, escritora y oradora cristiana. En el libro menciona su paso por Ecuador, su trabajo con el quichua y los dos años que pasó con los auca.
¿Es Aquieta tu Corazón un libro devocional?
Sí, en la práctica. Son lecturas breves e independientes que nacieron como artículos de boletín.
¿Hay que leerlo en orden?
No. Cada pieza se sostiene sola, así que puedes abrir el libro donde mejor te sirva.
¿Sirve Aquieta tu Corazón para un grupo pequeño?
Sí. Las lecturas son cortas y dejan preguntas para conversar sobre confianza, sufrimiento y vida cotidiana.
Seguir leyendo
Si te gustó Aquieta tu Corazón, sigue con Calma, alma mía, también de Elisabeth Elliot, y con Sufrir nunca es en vano. Para otra voz femenina, Una chica definida por Dios. El salmo que Elliot cita sobre estar siempre con Dios está en Salmo 73:21-28.
Reseña del equipo editorial de Libros Cristianos X.












