Descripción
Este libro ofrece consejos para que las mujeres puedan tener un mayor impacto en el mundo. El libro está organizado en capítulos que exploran diferentes atributos de una «Mujer de Impacto», como ser útil, centrarse en Jesucristo, ser un buen ejemplo, responsable, saludable y compasiva. El objetivo es inspirar a las lectores a trascender y marcar una diferencia positiva en sus familias y comunidades.
La razón de escribirlo surge de la constante petición de muchas mujeres de que los mensajes que he enseñado en diversas partes del mundo, puedan conseguirse en forma escrita. Mi intención al dedicarte este libro es que sepas el valor que tienes delante de Dios como mujer, porque si no comprendes la importancia de esto no podrás impactar la vida de quienes te rodean.
a mujer es la máxima creación de Dios. Dios formó a Adán del polvo de la tierra, pero cuando hizo a la mujer no utilizó lo mismo, sino que tomó una costilla de Adán y la formó de ahí.
Dios nos hizo preciosas, con un trabajo más fino, más delicado. Las mujeres somos el acto espectacular de la creación de Dios. Somos las mujeres quienes tenemos el privilegio de marcar una diferencia en las vidas de otros desde que están en el vientre.
Podemos influir para bien o para mal. Tú eres producto de lo que viste en tu abuela o en tu madre, y ellas de lo que vieron en sus abuelas y madres también. Actualmente tú estás viviendo el fruto o las consecuencias de lo que ellas hicieron, te dijeron o dejaron de hacer.
El diablo odia a la mujer porque la mujer fue hecha para darle justo en la cabeza. Dice la Biblia: «Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón» [Génesis 3:15 NVI]; es decir, lo que el diablo le hace a la mujer es poco comparado a lo que ella le hace, es por eso que busca todas las formas posibles para reprimirla y hacerle pensar que no tiene valor ni dignidad.
Quiere lograr a como dé lugar que no entienda el propósito por el que fue creada. La Biblia narra que en una ocasión a Jesús le era necesario pasar por Samaria. Los samaritanos eran rechazados y mal vistos por la gente de los alrededores. Eran como la basura o la escoria del pueblo judío y nadie quería tratar con ellos. Incluso muchos preferían recorrer más distancia con tal de rodear Samaria y no tener que pasar por ahí para llegar a su destino.
Justo ahí, en ese lugar, Dios tenía a una persona clave para sus propósitos —una mujer—, y Él la encontraría. Jesús rompió todas las barreras sociales, culturales, raciales, religiosas, tradicionales y de género –pues en ese entonces las mujeres eran despreciadas, sin derecho a la educación. Jesús platicó con ella y le mostró que Él era el agua de vida.
Imagínate el impacto de este encuentro en la vida de la mujer samaritana; por fin un hombre —¡y además judío!— la trataba con dignidad y respeto. Ella corrió a su ciudad y comenzó a gritar a los demás: «¡vengan y conozcan a este hombre!». Un hombre a quien valía la pena escuchar.
A esta mujer le reveló Jesús uno de lo secretos más grandes de nuestra identidad. Jesús le dijo que su Padre busca adoradores, que le adoren en espíritu y en verdad. A veces nos preguntamos: ¿Quién soy? ¿Madre, esposa, hija, abuela, suegra, tía, sobrina, chofer, cocinera, lavandera, costurera, empresaria, profesional?











