Consejos Radicales de Salomon

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El cristianismo bíblico es real y difiere de las otras religiones en la tierra, ya que es una relación con el Salvador del mundo—no un sistema de buenas obras o meditación, ni rituales para lograr alguna meta espiritual. La idea de que podemos ganar nuestra entrada al cielo, o al paraíso, o al nirvana apela a nuestro orgullo—nos hace sentir como si fuéramos mejores que aquellos que no lo intentan y que estamos en control de nuestro destino. Todo eso trae estrés y esclavitud: ¿Cuándo estás seguro de que has hecho lo suficiente? ¿Qué pasa si otros están haciendo más de lo que tú estás haciendo? Hay una puerta segura para tener amistad con Dios el Padre, y esa es abrir tu corazón a Jesucristo, el Hijo de Dios, que dijo: “Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo” (Juan 10:9). La Biblia nos enseña que todos nuestros intentos para llegar a Dios e insistir en nuestra propia bondad fuera de Cristo son en vano (ver Isaías 64:6). “Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Todos somos pecadores y no podemos salvarnos a nosotros mismos. El pecado, no es simplemente el acto de cometer un asesinato, una violación, o de robar bancos—es la actitud de autosuficiencia que dice, “No necesito a Dios” o algunas veces, “Seré mi propio dios, gracias.” La Escritura nos explica más adelante que ningún hombre puede cumplir los estándares de Dios, así que Él envió a Jesús, quien no tenía pecado, para sufrir el castigo de la separación eterna de Dios que tú y yo merecíamos. Jesús experimentó la muerte y el infierno por nosotros—pero Él resucitó de la tumba y hoy está sentado a la de

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Descripción

Una relación única, no un sistema de rituales

El cristianismo bíblico no es simplemente otra religión. Su esencia radica en una relación personal con el Salvador del mundo, Jesucristo, en lugar de depender de sistemas de buenas obras, meditaciones o rituales para alcanzar una meta espiritual. La idea de que podemos ganarnos la entrada al cielo, el paraíso o el nirvana apelando a nuestro orgullo nos hace sentir que controlamos nuestro propio destino. Sin embargo, buscar ser autosuficientes puede causar estrés y esclavitud, ya que nunca estaremos seguros de haber hecho lo suficiente. ¿Cómo saber si nuestras acciones son mejores que las de otros, o si alguien más está haciendo más que nosotros?

En el cristianismo verdadero, hay una respuesta segura: abrir el corazón a Jesucristo, el Hijo de Dios. Él mismo afirmó: “Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo” (Juan 10:9). Esta puerta es el camino seguro para encontrar paz y una verdadera amistad con Dios Padre.

La realidad del pecado y nuestra necesidad de redención

La Biblia nos enseña una verdad fundamental: “Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). En otras palabras, todos somos pecadores y no podemos salvarnos a nosotros mismos. Es común pensar que el pecado consiste únicamente en cometer actos graves como el asesinato, la violación o robar. Pero el pecado también es, en ocasiones más sutil, como el creer que no necesitamos a Dios o que podemos ser nuestro propio dios.

Las Escrituras explican que todos nuestros intentos por alcanzar a Dios y afirmar nuestra bondad fuera de Cristo son inútiles (véase Isaías 64:6). Nuestra autosuficiencia y orgullo no nos conducen a Dios; al contrario, nos alejan de Él. Ningún ser humano puede cumplir los estándares perfectos de Dios por sí mismo. Por esta razón, Jesús, quien no tenía pecado, fue enviado para tomar el castigo de separación eterna de Dios que nosotros merecemos.

La esperanza asegurada en Jesucristo

Jesús se sacrificó por nosotros, experimentando la muerte y el infierno en nuestro lugar. Sin embargo, la historia no termina ahí. Él venció a la muerte, resucitó de la tumba y hoy está vivo, sentado a la derecha de Dios Padre. Este triunfo de Jesucristo es la base misma del cristianismo bíblico y de la esperanza segura que ofrece.

Por lo tanto, el cristianismo no es una religión centrada en rituales o buenas obras. Es una invitación a entrar en una relación personal y sincera con el Salvador. La puerta está abierta; solo necesitas abrir tu corazón a Jesucristo y permitir que Él transforme tu vida. Vivir con esta seguridad cambia todo: da paz, propósito y, lo más importante, certeza de la salvación. El cristianismo bíblico te ofrece algo que ninguna otra religión puede: una relación real con Dios basada en Su gracia infinita.

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